10. mai, 2019

Undécimo festejo del abono de La Maestranza de Sevilla, par GRC

Jueves 9 de mayo del 2019

 

Undécimo festejo del abono de La Maestranza de Sevilla

 

De tribulaciones, sorpresas y buen toreo

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Foto: Feria TV

 

Toros: seis de Santiago Domecq, bien presentados en general y variados en cuanto a juego se refiere. Al segundo se le dio la vuelta al ruedo y el cuarto fue aplaudido en el arrastre.

 

Toreros: Manuel Jesús “El Cid”, al que abrió plaza lo pinchó una vez antes de cobrar una estocada entera: al tercio. Al cuarto le mató de entera con travesía: silencio.

 

Miguel Ángel Perera, al segundo le pasaportó de estocada entera un poco caída: oreja.

Al quinto le despachó de buena entera: al tercio.

 

Paco Ureña, al tercero le propinó una entera arriba: al tercio. Al que cerró plaza le atizó un pinchazo y una media de efectos: silencio.

 

Entrada: tres cuartos.

 

El Cid toreó su última corrida en la feria de Sevilla y el público generoso (y también memorioso) le aplaudió y alentó cada vez que el torero de Salteras hacía algo relativamente digno.

 

Desafortunadamente, desde hace ya varias temporadas, torear no es sino un conjunto de tribulaciones para el otrora dominador torero andaluz. El Cid se llevó el mejor lote, dos toros que embistieron con entusiasmo y clase, pero eso fue quizá peor para el diestro pues los cornúpetos le pusieron en evidencia.

 

Hace muchos años la tauromaquia de Manuel Jesús se basaba en dos binomios: el aguante y la quietud, y el poder y el temple. Hoy día todo eso se ha evaporado y sólo quedan dudas, pasitos y mantazos. ¡una pena!

 

Dejando atrás las congojas del Cid, diremos que la tarde nos dio tres sorpresas muy gratas: lo interesante del encierro, la excelente faena de Perera al segundo de la función y el aplomo heroico de Ureña, un resucitado donde los haya.

 

A “Aperador”, un castaño claro, primero del lote de Perera, el torero pacense le hizo un buen quite por chicuelinas y Ureña le instrumentó unas gaoneras de gran ajuste. Desde ese primer tercio se notó que el de Santiago Domecq tenía recorrido y humillaba.

 

El torero de Badajoz inició de rodillas la faena muleteril, pegando un inverosímil pase por la espalda muy en corto. Las tandas de múltiples derechazos ligados tuvieron muchas virtudes, especialmente el temple. Perera demostró una frescura, un gusto por torear y una quietud pasmosos, estirándose y completando cada muletazo. Hubo por ahí un torerísimo cambio de manos por detrás y estupendos pases de pecho ligados.

 

La estocada fue certera, el toro dobló y Miguel Ángel cortó un apéndice de manera irrefragable. Lo que todavía no entiendo muy bien es por qué el presidente le concedió la vuelta al ruedo al toro ni tampoco por qué razón mucha gente quería premiar la faena de Perera con dos trofeos. Está claro que el triunfalismo es el signo de estos tiempos tan peculiares.

 

Perera se las hubo también con un quinto que no le permitió gran cosa, pues fue incierto, peligroso y acabó rajándose y defendiéndose en tablas. Desde mi punto de vista quizá lo verdaderamente complicado fue tratar de encontrarle la distancia, lo cual constituyó un verdadero enigma para el torero.

 

Ureña, a quien el público sevillano le debe una ovación que no le dio al finalizar el paseíllo, pechó con el peor lote. Aun así, el heroico torero murciano, quien se presentaba en Sevilla después de aquel percance tan horripilante que le costó perder un ojo, realizó dos faenas de mucha entrega y sobriedad, toreando con oficio y gran valor.

 

El tercero fue un bicho que se quedaba corto y era débil y rebrincado. En un descuido, el morlaco le levantó al torero murciano los pies del suelo, pero afortunadamente no lo caló. Hubo naturales sueltos de gran mérito y una estocada certera en el mero morrillo, algo que actualmente es más extraño de ver que un empresario taurino con afición y sin antepasados sicilianos.   

 

El sexto fue un animal que nunca pasó completo ni tampoco repitió. Ureña lo sometió a base de muletazos mandones iniciados con la muleta retrasada y citando muy cruzado al pitón contrario. Ese es el toreo bueno, el de verdad, el de siempre, lo demás son inventos postmodernos y cursis.  

 

En conclusión, Paco Ureña está más sereno y torero que nunca; Perera parece haber recuperado la ilusión; el ganadero Santiago Domecq Bohórquez debutó con un encierro muy interesante, y El Cid debe alegrarse porque con su próxima despedida estas tardes de tribulaciones, aflicciones y congojas llegarán a su fin.