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14. janv., 2019

Domingo 13 de enero del 2019

 

Undécima corrida de la temporada de la Plaza de toros México

 

Pizarro se despidió y Gerardo Adame convenció

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Foto : S. Hidalgo

 

 

Toros: Seis de San Mateo, bien presentados. Con excepción del quinto, los demás se dejaron torear. El primero, el cuarto y el sexto tuvieron bravura y nobleza.

 

Toreros: Federico Pizarro se despidió de la afición. Al que abrió plaza lo mató de un pinchazo y media un poco caída: silencio. Al cuarto lo despachó de entera un poco baja y trasera: oreja.

 

Fermín Rivera, al segundo lo pasaportó de tres pinchazos y media caída: leves palmas tras aviso. Al quinto le atizó un bajonazo, pero tuvo que descabellar: leves palmas.

 

Gerardo Adame, al tercero le asestó un pinchazo, una entera tendida y trasera, y dos golpes de corta: al tercio tras aviso. Al que cerró plaza se lo quitó de enfrente mediante una entera y varios descabellos: ovación.

 

Entrada: cuatro mil parroquianos.

 

 

 

El encierro de San Mateo, la legendaria ganadería zacatecana que hoy pasta en el estado de Jalisco, fue una agradable sorpresa, pues cinco de sus pupilos dieron bastante buen juego.

 

El primero fue un toro bien presentado que aparentaba ser débil y soso pero que se fue para arriba después de varas. Federico Pizarro no entendió al astado ni tampoco se confió en momento alguno. Pero el público de la México es sentimental y bueno, así que se abstuvo de reclamarle a Federico su falta de decisión, la cual quedó ampliamente demostrada con la espantada al intentar entrar a matar por primera vez, puesto que el veterano diestro capitalino pasó en falso, por decirlo de alguna manera.

 

El segundo de la función peleó espectacularmente en varas, ocasionando un tumbo aparatoso. Fermín lució hasta donde pudo tanto con el capote y la muleta, pero el toro manseó pronto, y después de un par de buenas tandas por el pitón derecho, la faena perdió color.

 

El tercero, al igual que el que abrió plaza, ofreció posibilidades de triunfo. Gerardo Adame, el joven coleta hidrocálido, bregó con oficio y fue ovacionado. Luego, en el último tercio, empezó el trasteo doblándose por bajo rodilla en tierra. El de San Mateo se dejó más al derechazo que al natural. Cuando Rivera se arrimó y aguantó, nos regaló muletazos largos y templados. Las manoletinas finales fueron muy ovacionadas. Desgraciadamente, Gerardo no estuvo fino con la espada y todo quedó en una salida al tercio.

 

El cuarto fue otro toro bravo para el caballo, que embistió de manera incansable y con clase. Pizarro quitó por caleserinas, y ya con la sarga pudo quedarse quieto en dos o tres tandas por el pitón derecho muy coreadas por el respetable. Hubo por ahí un pase de pecho rodilla en tierra que valió mucho la pena. Pizarro se olvidó de las dudas y la precaución a la hora buena y cobró una estocada defectuosilla pero que bastó, permitiéndole así pasear la última oreja de su vida.

 

El peor toro del encierro fue el segundo del lote de Fermín, pues ese morlaco no tuvo un pase por débil, mal picado y manso. Cuando el sobrino de Currito Rivera porfiaba con la muleta, la ligera llovizna que había comenzado a caer mientras Pizarro daba su postrer vuelta al ruedo, se convirtió en un aguacero en toda forma.

 

Así las cosas, salió el sexto, otro animal bien presentado y con una buena dosis de bravura y fuerza. Gerardo Adame estuvo entregado y muy torero, exponiendo en todo momento. Sin arredrarse jamás, Adame toreó muy bien con el capote y la muleta, sobreponiéndose al diluvio. Es muy complicado ligar naturales y derechazos cuando el toro no se confía por las condiciones del ruedo. Sin embargo, Gerardo demostró valor y buen gusto aprovechando al máximo todas las embestidas del pupilo de don Ignacio García Villaseñor.

 

Gerardo cobró una estocada entera que ilusionó a los pocos aficionados que no habían huido en desbandada para evitar una pulmonía galopante. Sin embargo, el toro se negó a doblar, y tras dos o tres descabellos todo quedó en una cariñosa ovación.

 

En suma, una tarde de toros interesante que nos dejó con ganas de volver a ver a Gerardo Adame y a los toros de San Mateo.

 

Dedico esta crónica a mi amigo Juan Mallado, aficionado de pro.

 

4. janv., 2019

3 Janvier 2019, Tizimin, Yucatán (México). Toros de San Salvador. Marc Serrano, oreja y oreja; y Michelito, ovación y ovación. (Foto Mundotoro)

25. déc., 2018

Domingo 23 de diciembre del 2018

 

Octava corrida de la temporada de la Plaza de toros México

 

La terna le corta cuatro orejas a los de Barralva

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Toros: siete de Barralva. “El Conde” regaló uno. Los seis primeros pertenecían a la línea española de Atanasio Fernández (encaste Parladé y Conde de la Corte), el de regalo tenía sangre mexicana, de San Martín. Los atanasios estuvieron soberbiamente presentados. Salvo el quinto todos se dejaron torear y fueron aplaudidos en el arrastre. El séptimo fue un astado anovillado, débil y noble.

 

Toreros: Alfredo Ríos “El Conde” -que se despedía de la afición capitalina- a su primero lo despachó de buena estocada entera y le cortó una oreja de muy poco peso. Al cuarto le atizó un pinchazo y un golpe de corta: silencio. Al de regalo le liquidó de un pinchazo y un feo bajonazo: le concedieron otra oreja.

 

Uriel Moreno “El Zapata”, al segundo de la tarde le pegó un buena estocada que no bastó y lo descabelló con maestría al primer intento: oreja tras aviso. Al quinto lo pasaportó de dos pinchazos, casi media estocada y un certero descabello: palmas.

 

José Luis Angelino, al tercero lo mató de un bajonazo: silencio. Al sexto le propinó una estocada fulminante que fue premiada con una oreja.

 

Entrada: unas cinco mil personas.

 

Cuando sale al ruedo el toro serio, el aburrimiento desaparece. Y los seis primeros ejemplares de Barralva estuvieron admirablemente presentados. Es curioso que a estos animales, cuya sangre española es de reciente importación (1997), las “figuras” europeas no los quieran ver ni en pintura. Aunque es comprensible, pues un toro con toda la barba le puede arruinar las vacaciones pagadas a más de uno.

 

El primero de la tarde, que era un toro serio y bien armado, le correspondió al diestro tapatío “El Conde”, quien se despedía de los ruedos. Lo más destacable de su labor fueron el segundo y el tercer par de banderillas, porque Alfredo no se confió jamás y su labor muleteril fue un concierto de dudas, lejanías, pasitos, y esconder la pata buena. Lástima, porque el toro tuvo bravura, recorrido, fuerza y nobleza. Pero el público de la México es bueno y sentimental, y como “El Conde” mató con eficacia, le concedieron una oreja por aquello de la nostalgia decembrina.

 

El segundo fue otro toro hecho y derecho, pero resultó menos bravo que el primero.

Uriel Moreno, estuvo sensacional en los tres tercios. Con el capotillo lanceó por mandiles muy templados. Luego cogió los palos y aquello fue un espectáculo. Primero, Uriel puso el par monumental con tanto éxito y exposición que la gente le hizo dar una vuelta al ruedo. Y el tercero fue un enorme par al violín con recortes previos.

 

El Zapata” pegó sin lugar a dudas los mejores muletazos de la tarde. A base de entrega, poder y temple, el coleta tlaxcalteca le dio al de Barralva derechazos y naturales formidables rematados con largos pases de pecho. Hubo también un cambio de manos que puso al respetable de pie.

 

El toro manseó al final de la faena y Uriel tuvo que tirar la moneda al aire a la hora de la verdad. Después de muchos trabajos para que el toro se quedara quieto e igualara, “El Zapata” se tiró sobre el morrillo como un león, el toro no lo dejó pasar, le cogió y le pegó una maroma espectacular. La estocada no surtió los efectos esperados, pero Uriel es un maestro en el arte de descabellar, suerte que dominan muy pocos toreros actuales. El juez remoloneó, pero la petición de oreja fue unánime y sonora, y “El Zapata” paseó un merecidísimo trofeo.

 

El tercero fue un toro pronto, bravo y alegre, mismo que se comió vivo a José Luis Angelino, el otro tlaxcalteca del cartel. Lo más torero de toda la labor de Angelino fue un impecable par al sesgo por fuera, pues en el último tercio naufragó en un mar de la incertidumbre y mató de un bajonazo artero.

 

El cuarto toro también se dejó meter mano, pero El Conde no andaba para hacerle fiestas al cornúpeta. Vamos, que ni los palos puso. Pero eso si, ni tardo ni perezoso recurrió al torito de regalo.

 

El quinto fue un castaño imponente que no se dejó pegar ni un pase, pues manseó mucho, frenándose y mirando al torero. Lo más destacable de lo hecho por Uriel fue un quite por chicuelinas antiguas elegantísimas y un gran par de poder a poder, el tercero.

 

Angelino mejoró bastante en el sexto, pese a que el toro estuvo por encima del torero. Pero no podemos dejar de señalar que José Luis pegó unas gaoneras fenomenales, que banderilleó con gran entrega, clavando uno de los mejores pares al quiebro de los últimos tiempos, y que mató al de Barralva de un estoconazo fulminante, mismo que valió la oreja.

 

Con el de regalo volvimos a la triste realidad del toro chico, débil, bobo y mansito no emociona a nadie. El Conde, ya más asentado, le hizo mil monerías al animalillo, y aunque pinchó y luego recurrió al bajonazo, la gente sensiblera hizo que se le concediera la postrer oreja de su carrera en la Plaza México.

 

El aficionado vive de la esperanza, y no hace falta gran cosa para hacerlo feliz. Bastan toros con edad, trapío, fuerza y algo de bravura. Y si además en el cartel hay un torero decidido, honrado y con sitio, como El Zapata, el aficionado cabal sale de la plaza toreando y con la ilusión necesaria para retratarse en la taquilla las veces que sean necesarias.

17. déc., 2018

Après trois années d’une relation solide en couple, dont deux enfants, Joselito Adame et Estefanía Herrera ont décidé de se marier hier en justes noces à la cathédrale d’Aguascalientes.

 
La famille des deux mariés a assisté à la cérémonie religieuse, qui a commencé à 13 heures. La présence des deux jeunes enfants de José et Steffi, Elena et José a été remarquée. Figuraient évidemment aussi les autres membres de la famille et les amis, parmi lesquels, différentes personnalités du monde de la tauromachie dont plusieurs ganaderos qui ont soutenu José tout au long de sa carrière. Il y avait aussi des amis venus d'Espagne pour accompagner le couple en ce jour important..
 
La réception, à laquelle ont assisté le gouverneur, Martín Orozco et la maire d'Aguascalientes, Tere Jiménez a eu lieu au parc Tres Centurias.
 
Parmi les toreros figuraient Eulalio López "Zotoluco", Alfredo Gutiérrez, Antonio Barrera, Antonio Ferrera, Tomás López, Mariano del Olmo, Guillermo Martinez, Víctor Mora et Arturo Saldívar, Luis David et Alejandro Adame, jeunes frères de Joselito, ainsi que le rejoneador Emiliano Gamero.
 
 
Mexico Aztecas y Toros présente , au jeune couple, leurs félicitations et leurs voeux de bonheur. C'est l'occasion de rappeler à ceux qui ne le sauraient pas que Joselito Adame est le parrain de notre association.
 
Bernard ARSICAUD
13. déc., 2018

Miércoles 12 de diciembre del 2018.

 

Sexta corrida de la temporada de la Plaza de toros México.

 

Roca Rey nos despertó de la pesadilla: dos orejas del octavo.

 

Gastón Ramírez Cuevas

 Foto : S. Hidalgo

 

Toros, el primero fue de Xajay, un bicho casi bien presentado que por débil y falto de casta no tuvo un pase; fue pitado en el arrastre.

 

El segundo fue de Santa Bárbara, un animal sin trapío que en algunas plazas serias no hubiera servido ni para un festival. Sin embargo se dejó torear un poco y el público verbenero le aplaudió en el arrastre.

 

El tercero fue de Los Encinos, un toro gordo, manso, peligroso y rajado.

 

El cuarto fue de Villa Carmela, un verdadero adefesio, débil y manso con cierto peligro.

 

El quinto, de Teófilo Gómez, fue devuelto después de ser picado y en medio de fenomenal bronca por su falta de trapío e invalidez.

 

El quinto bis fue de Los Encinos, un toro correcto de estampa pero descastado, débil y peligroso. Le pitaron duro en el arrastre.

 

El de Barralva que hizo sexto fue el único con verdadero trapío de la función. Pero careció de nobleza, tiraba derrotes y era tardo para embestir.

 

El séptimo fue de Campo Hermoso y no sirvió para nada porque tenía aún menos fuerza, nobleza y bravura que sus colegas, además desarrolló sentido. Bronca en el arrastre.

 

El octavo fue de Jaral de Peñas, un toro escurrido pero con cara, alegre, noble y con algo de bravura. Fue aplaudido cuando se lo llevaban los percherones, que no las mulillas.

 

Toreros: Morante de La Puebla, a su primero lo mató de casi media, trasera, desprendida y atravesada, más tres golpes de descabello: bronca leve. Al quinto bis se lo escabechó de un pinchazo y una entera: fuertes pitos.

 

Joselito Adame, al segundo lo pasaportó de entera trasera y atravesada, y tres golpes de verduguillo: al tercio. Acabó con el sexto de buena entera: palmas.

 

Sergio Flores, al tercero lo despachó de dos medias estocadas tendidas y un golpe de corta fallido: el toro dobló por cuenta propia. Silencio tras aviso. Al séptimo se lo quitó de enfrente mediante un pinchazo, un pinchazo hondo y un descabello: silencio tras aviso.

 

Andrés Roca Rey, al cuarto de la tarde le atizó un bajonazo involuntario pues el toro derrotó en el embroque. Después de dos descabellos fue pitado inexplicablemente.

Al que cerró plaza le propinó un estoconazo memorable que hizo rodar al toro sin puntilla en cuestión de instantes: dos orejas.

 

Entrada: veintiséis mil espectadores.

 

 

Le empresa de la Plaza México continúa librando su titánica batalla para no caer en las garras del sentido común taurino. Pocas veces se ha visto una colección más patética de supuestos bovinos de lidia. De no haber sido por el toro de Jaral de Peñas y la grandeza de Andrés Roca Rey, el naufragio de la tan traída y llevada corrida guadalupana hubiera sido sólo comparable al de una flota de titanics.

 

Vamos a ver qué pasó en una corrida que comenzó 25 minutos tarde, merced al Ave María de Franz Schubert (¡atiza!) y de la entrega de casas a los damnificados por el sismo del año anterior, producto de la recaudación de la corrida guadalupana del 2017.

 

A Morante se le quiere y se le espera, sobre todo en dos plazas, en La Maestranza y en La México, pero hoy no se repetiría el milagro de las últimas veces. El primer supuesto enemigo del sevillano fue un toro del que ningún ganadero respetable debe enorgullecerse y sólo le permitió pegar una media verónica. Obviamente, el gentío que confunde las várices con la avaricia pensó que Morante no había querido justificarse y lo abroncó.

 

Le comento, querido lector, que cuando Morante iba por la espada de verdad, un individuo que fumaba un habano con aroma a boñigas de diplodocus, me preguntó: “Perdone, señor, ¿éste es El Juli?”. Le contesté que no, que todavía no.

 

Vino el segundo de la tarde, un animalito que según la pizarra pesaba 508 kilos. La empresa engaña ya como deporte, sabiendo que el aficionado no se dejará engatusar pero tampoco quemará la plaza, y que el villamelón escasamente puede notar la diferencia entre un serrucho y un cocodrilo.

 

Con ese pequeño rumiante, Joselito Adame estuvo más que digno, sobre todo toreando al natural, pero nada de lo que se le haga a un toro tan anovillado tiene gran importancia. Cuando Joselito quitó por chicuelinas, el compañero del puro que olía a fiemo de ñu me interpeló otra vez: “Disculpe que le moleste, ¿este torero sí es El Juli?”.

No, hombre, tenga usted paciencia, ya saldrá un día de estos”, le respondí.

 

El tercero fue un bicho incierto y rajado con el que Sergio Flores se justificó con creces, y pare usted de contar. Quizá lo más lucido en este turno fueron las banderillas de Gustavo Campos, quien saludó merecidamente en el tercio.

 

Cuando arrastraban al de Los Encinos, mi compañero, que estaba sentado en la escalera fumando como chimenea y entorpeciendo la circulación de vendedores de lotería, destilados de cactus, pizzas, y otras mil chucherías, me interrogó con cierta preocupación: “Perdone que le siga molestando amigo, el que acaba de matar al toro era El Juli, ¿o no?” Le dije: “No es molestia, señor, pero temo decepcionarle otra vez, ése era Sergio Flores, el de Tlaxcala”.

 

Salió el cuarto, el primero del lote de Roca Rey, el milagro peruano, a quien lo único que le faltaba en su palmarés era un triunfo en la monumental de Insurgentes. Pero el toro parecía un búfalo de agua y se comportó como tal, embistiendo sin clase y sin casta pero con peligro. A Andrés se le fue la mano a la hora de la verdad y la estocada cayó muy baja, cosa que encrespó a los taurinos por un día, mismos que confunden a los melodramas con los modeloramas.

 

-Oiga (me dijo el vecino del veguero que apestaba a estiércol de yak), ¿al que le están pitando, ahora sí es El Juli?

-Siento desengañarlo con tanta frecuencia, le respondí, pero no.

 

Luego vino el sainete del quinto de la tarde, la musaraña de Teófilo Gómez, una ganadería de manso que hace las delicias de los astros como Ponce y el mismo Morante. Pero aquí sí la gente ya no tragó y obligó a que echaran al patético cuadrúpedo de vuelta al corral, asunto que tardó casi 20 minutos.

 

El quinto bis fue un sofá con cuernitos y el ídolo andaluz cortó por lo sano en cuestión de segundos. El respetable ni siquiera se tomó la molestia de pitarle a Morante con muchas ganas.

 

Poniéndose de pie, el fumador contumaz -ya bastante molesto- me dijo: “¡No me va a decir usted que este patilludo que pone cara de circunstancias no es El Juli!”

Poniéndome también de pie y previendo un rifirrafe, traté de calmarlo: “No se desespere hombre, que Juli ya no tarda en salir”. Apagando con rabia el puro, el hombre me gritó: “¡Pues esto es una soberana tomadura de pelo, señor mío!”, y se dirigió con cajas destempladas al túnel de salida. A mí, a esas alturas del fiasco mayúsculo, me dio envidia el tipo del habano, pues él era libre de marcharse y yo tenía que esperar el milagro, como siempre.

 

El sexto le permitió a Joselito demostrar su entrega (no hay que olvidar que acaba de salir del hospital después de una cornada en el escroto), su poder y su oficio, pero ese tipo de trasteos a un toro complicado de verdad jamás han impresionado al grueso del público.

 

El segundo del lote de Sergio Flores fue el clásico regalito, la clásica prenda. El toro de Campo Hermoso cayó de bruces bajo el primer puyazo, el caballo tropezó con el astado y el picador salió volando hasta darse un tremendo porrazo en la cabeza contra las tablas. Después de ese accidente el toro se dedicó a defenderse a capa y espada en tablas, sembrando el pánico entre los banderilleros y obligando a Sergio a abreviar.

 

Nadie había abandonado el coso cuando, casi a las ocho y media de la noche, salió un toro de Jaral de Peñas que no se parecía en nada a sus predecesores, pues tenía casta y buen estilo.

 

El gallo peruano nos regaló un primer tercio antológico. Firme, elegante y pasándose al toro en la faja, Roca Rey le pegó al de Jaral mandiles y gaoneras, rematados con revolera y brionesa. La ovación fue la primera realmente importante de toda la corrida.

 

El quite por gaoneras aún más impresionantes, recibió la segunda gran ovación. Es menester asentar que Andrés ha adquirido un gran empaque y mucha más clase desde la ultima vez que le vimos en esta plaza.

 

El ídolo peruano inició la faena de muleta de rodillas, con dos cambiados por la espalda colosales y un pase de pecho antológico. Ya de pie, Roca Rey se arrimó, templó, y cargó la suerte en excelentes naturales y derechazos, rematados con más pases de pecho realmente soberbios. Las joselilinas finales hicieron que la gente se desmelenara y se felicitara de haber tenido tanta paciencia.

 

Andrés se perfiló con decisión, se tiró a matar como un león y cobró una estocada asombrosa que hizo rodar al toro como la proverbial pelota. Las dos orejas fueron a parar a la espuerta de Roca Rey, quien salió a hombros en olor de multitudes.

 

Una vez más el pundonor ganadero y la torería de un diestro con mucha hambre, salvaron los muebles cuando todo parecía perdido.

 

Hay una canción de Serge Gainsbourg que afirma que Dios es un fumador de habanos, después de lo que viví con el latoso de al lado, francamente lo dudo.