11. déc., 2017

Cuarta corrida de la temporada de la Plaza de toros México Par GRC

Domingo 10 de diciembre del 2017

 

Cuarta corrida de la temporada de la Plaza de toros México

 

Embuste ganadero en la Antártida

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Toros: Ocho de Xajay, anovillados, feos, mansos y débiles. Casi todos fueron pitados en el arrastre.

 

Toreros: Sebastián Castella, al que abrió plaza lo despachó de pinchazo y entera baja y trasera: silencio. Al quinto le mató de pinchazo y entera caída y trasera: palmas y al tercio tras un aviso.

 

Sergio Flores, al segundo le pegó una estocada efectiva: silencio. Al sexto le metió una buena entera un pelín trasera: oreja.

 

Ginés Marín, al primero de su lote le atizó dos pinchazos en lo alto y una estocada bajita: silencio. Al séptimo de la tarde le pinchó en dos ocasiones para luego cobrar una entera baja: pitos.

 

Luis David Adame, al cuarto le asestó una estocada entera en buen sitio: palmas tras aviso. Al octavo lo despenó de tres pinchazos y un golpe de corta: silencio tras aviso.

 

Entrada: Aproximadamente ocho mil quinientos espectadores.

 

 

Las corridas de ocho toros son una monserga, especialmente cuando el respetable tiene que luchar no sólo contra el tedio, también contra temperaturas cercanas al cero absoluto y ventiscas que harían palidecer a un esquimal.

 

Pero san Aficionado Mártir es bien conocido por su tozudez y su fe en los milagros. De esa manera, justificaba su presencia en la plaza diciendo: “¡Hoy puede saltar la liebre! En el cartel está Sergio Flores, el triunfador indiscutible de la temporada pasada,  y alterna con Ginés Marín, el triunfador de Madrid ¿se puede pedir más? Y bueno, los toros de Xajay no pueden resultar peores que los de Téofilo ¿o sí?”

 

Desafortunadamente, la realidad pronto se encargó de dar al traste con tantas esperanzas ingenuas, pues por toriles no salió un solo bicho bravo. Por el contrario, el empresario y ganadero Sordo Madaleno mandó a la pobre plaza México una colección  de rumiantes cuya debilidad física y mental fue realmente asombrosa.

 

La pizarra nos decía que algunos astados rebasaban con creces los cinco años y que frisaban la media tonelada, pero la evidente falta de trapío contradecía lo anunciado.Yo supongo que los responsables dicen esas mentirijillas con la mejor intención de animar a la gente, pero hay quien opina que es una tomadura de pelo insoportable. 

 

Vamos a lo hecho por los espadas. Sebastián Castella, un consentido de la afición capitalina y francófila, estuvo aseadito en el primero y realmente bien en su segundo. En la faena de muleta al quinto de la función, el torero galo le echó temple al asunto y hasta acortó distancias. Hacía mucho que no veíamos a Castella torear con tanta elegancia y buen gusto. Ahí quedaron unos pases naturales de muchos quilates. Fue una lástima que el trasteo terminara en una exhibición de encimismo e impericia estoqueadora.

 

Sergio Flores no tuvo opción alguna en su primero, un cornúpeta incierto y respondón. Lo mejor fueron los muletazos de castigo rodilla en tierra con los que inició y remató la faena.En el sexto de la tarde, el torero tlaxcalteca tuvo la virtud de no dudar jamás y de ganarle siempre pasos al toro. De ese modo pudo imponerse a un burel que no regalaba dos embestidas iguales. Hubo trincherazos de cartel y pases largos y templados por ambos perfiles. Como mató dando el pecho, la gente pidió la oreja que fue concedida con rapidez.

 

Ginés Marín pechó con el peor lote, ¡que ya es decir! El torero triunfador de la última feria de san Isidro aun debe estarse preguntando de dónde sacaron a los bodrios de toros que le tocaron en suerte. Su primero se partió lastimosamente la pata derecha y fue sustituido por otro de Xajay, que resultó un espejismo de bravura durante los primeros segundos del último tercio. Pero el animalito no negó la cruz de su parroquia y terminó regateando la más mínima embestida y tirando cornadas.

 

El séptimo fue un ungulado chico, débil y sin el más mínimo atisbo de casta. El diestro de Jerez de la Frontera vio que el lucimiento era imposible y optó por abreviar. El púbico, ya bastante desesperado, le pitó al ponerse pesado con la tizona.

 

Luis David Adame nos mostró dos facetas totalmente distintas de su tauromaquia. En el cuarto, otra raspa débil y sosa, el hidrocálido logró emocionar a la gente con un quite por chicuelinas modernas, rematado con una auténtica larga cordobesa, lance que se termina echándose garbosamente el capotillo al hombro.  Mientras el toro no se rajó, Luis David instrumentó templados y largos derechazos y naturales. Lástima que, debido a que el toro tardó mucho en doblar, todo quedó una ovación.

 

La otra vertiente de Adame consistió en perder los papeles en el que cerró plaza. Pese a estar nuevamente bien con el capote, cuando tomó la muleta Luis David se transformó en un muchacho zaragatero que pegaba mantazos a una velocidad vertiginosa y a muy prudente distancia del cuadrúpedo. Suponemos que todo fue producto de la desesperación.

 

Después de tres horas largas de corrida, vimos a san Aficionado Mártir abandonar el coso luchando contra la pulmonía galopante, los ataques de los osos polares y la hipotermia. Extrañamente, iba esbozando una sonrisa beatífica. Seguro pensaba, como los pueblos primitivos, que con este sacrificio tan arduo, se había ganado el favor de los dioses, quienes le recompensarán haciendo que la corrida del próximo martes 12 de diciembre sea memorable.