19. févr., 2017

De notre correspondant à Mexico GRC, un texte sur les anti-taurins

Los antitaurinos, un coctel de miedo e ignorancia.

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Hace un par de días, en este mismo diario, se publicó un artículo que clamaba contra la barbarie taurina en aras de la evolución sociocultural (https://www.lajornadamaya.mx/2017-02-17/Alto-a-la-barbarie-taurina).El texto es preocupante por muchas razones.

 

En estos momentos hay una buena cantidad de individuos que escudados en una falsa bondad intentan prohibir todo lo que a ellos les parce malo, cruel o despreciable. Entre ellos están los enemigos de la fiesta de toros. Los antis son unos beatos hazañeros que por falta de información y de valor civil arremeten contra la tauromaquia como si en este país no hubiera otras problemas más serios y más apremiantes.

 

Es fácil hablar de la “barbarie” taurina y denostar a los que van a las plazas de toros cuando se ignoran muchas cosas. Cuando se ignora de dónde procede la piel de los zapatos, la carne de las hamburguesas y cochinitas pibil. Es fácil pensar que el campo no existe, que todo mundo vive en ciudades; negar que el horror real está en los mataderos y en las granjas de pollos, borregos y cochinos. Es gratificante pensar que el león pastará un día con el cordero en una realidad gringa y hollywoodense. Es bonito pensar que la muerte no existe; que la cultura de la tauromaquia es un invento de gente zafia que odia a los animales.

 

Afortunadamente, el aficionado a la Fiesta entiende todo, comprende las virtudes de las cosas sublimes, la inutilidad de los discursos, la lenta y terrible degradación de los mundos, de la cual nadie podrá escapar. Y a pesar de ello, el aficionado entiende también la maravillosa voluptuosidad de los sentidos, cuando estos conspiran para enseñarle a los hombres el placer y la terrorífica belleza del Arte.

 

Para el anitiaurino común y corriente, el heroísmo, la generosidad y el sacrificio no tienen cabida en su mundo postmoderno y color de rosa. Por eso jamás leerán al filósofo galo Francis Wolff, quien dice claramente que el toreo es maravilloso porque: “El torero sabe estar, porque sabe ser torero, es decir, aguantar. No ceder, no ceder terreno frente a la adversidad, frente al miedo, frente a la muerte, pero sobre todo hacerlo con desapego, lo más cerca del toro, lo más lejos de sí mismo.”

 

Para el antitaurino, el animalismo es mejor que el humanismo, y por ende el ser humano no es superior a los animales. ¡Ojo! el aficionado a los toros es el menos ajeno al sufrimiento animal, por eso celebra un rito pleno de vida y muerte, pero con lealtad y respeto. 

 

Sin embargo, no todo lo que pregonan los talibanes del abolicionismo taurino está mal pensado. El día que no tengamos que comernos a los animales, el día que la muerte sea cosa del pasado y que el mundo sea de nuevo el Paraíso Terrenal, las corridas de toros deben forzosamente dejar de existir.

 

Mientras llega esa fecha tan feliz y deseada, habría que entender que, entre otras cosas, la tauromaquia sirve para enseñarle al ser humano pensante que a la hora de la verdad no se puede ni se debe voltear la cara, tal y como lo demuestran los toros bravos y los toreros pundonorosos cada tarde y en cada plaza.