13. févr., 2017

Décimo quinta corrida de la temporada de la Plaza de Toros México par GRC

Domingo 12 de febrero del 2017

 

Agradable sorpresa: ¡Hubo toros en La México!

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto : S. Hidalgo,  altoromexicocom

Toros: Seis de Barralva, bien presentados y con algo de casta. Los dos primeros fueron ovacionados en el arrastre. Y varios fueron aplaudidos de salida por su presencia y por su arboladura.

 

Toreros: Paco Ureña confirmó su alternativa. Al que abrió plaza le pegó dos pinchazos, luego uno hondo y descabelló con acierto al primer golpe: palmas.Al cuarto le atravesó y a continuación le asestó un feo bajonazo: pitos.

 

Arturo Saldívar, al segundo del festejo le liquidó de dos pinchazos y un bajonazo artero: pitos tras aviso.Al quinto se lo quitó de enfrente de dos pinchazos y un descabello: pitos.

 

Sergio Flores, al tercero lo despachó de pinchazo hondo que bastó: silencio.Al sexto le metió dos pinchazos en buen sitio y le descabelló con oficio al primer intento: palmas.

 

Entrada: Casi cinco mil paganos en una tarde realmente agradable.

  

Dicen que cuando sale el toro, éste pone a todos en su lugar. Hoy salieron toros con edad y bastante raza. Esperábamos menos del encierro, pero todos los bichos, salvo el tercero, pusieron a los espadas en serios predicamentos.

 

Vamos por partes. Ureña estuvo valiente y muy torero en el de la confirmación. Sometió al de negro desde la primera tanda y luego se entretuvo en aguantar en un palmo con clase y oficio. La gente obtusa se puso del lado del burel y no apreció ni los grandes derechazos, ni las dosantinas, ni nada. El torero murciano demostró mucho, esgrimiendo una tauromaquia de verdad. Me quedo con sus remates por bajo y su excelente manera de cargar y quedarse en un palmo sin perder los famosos pasitos.

 

Cosa distinta le veríamos en el cuarto. Ahí contemplamos una pelea sin cuartel, en la que el de Barralva complicaba todo por su astucia. Ureña se fajó pero no templó nada y la gente se le echó encima. El mal puyazo hizo que ese bicho no se entregara jamás, y aunque el español le pudo, no logró lucir nunca. El aficionado quedo contento, pero el villamelón, que siempre se oye más, chilló y silbó.

 

Saldívar no estuvo en su día. A su primero, un toro serio que tumbó dos veces de forma espectacular, le hizo una faena de muy poco poder, y el de Barralva estuvo por encima del torero. El cornúpeto exigía y el coleta de Teocaltiche no le encontró la cuadratura al círculo.

 

La cosa perdió más color en el quinto. El toro fue bravo y complicado, algo inusitado en nuestros días. A pesar de haber logrado buenos naturales, la geometría del toreo no apareció por ningún sitio. Hubo desarmes, espantadas y muchas dudas. Digamos que ese morlaco hubiera deseado tener enfrente a un torero seco y mandón, pero eso es –hoy día- pedirle peras al olmo. Saldívar debe replantearse muchas cosas.

 

Sergio Flores estuvo en torero, sin llegar a cuajar nada. No fue culpa suya que el tercero diera una vuelta de campana antes del puyazo que le inutilizó. El tlaxcalteca lució su oficio y sus buenas maneras, pero ahí no había más que una caricatura de toro. El de Barralva se paró, doliéndose mucho de las manos, y con eso ni Guerrita.

 

Salió el sexto, otro ejemplar con pitones y mucho que torearle. Sergio se lució a la verónica, lance que interpreta como pocos, y luego porfió con cabeza y sello. Vimos variedad, arrojo, y espléndidos derechazos. Sergio estuvo pisando terrenos serios y gustándose. De haberle matado con acierto, la gente le hubiera pedido una oreja, pero estaba visto que hoy era día de descanso para los pañuelos del juez.

 

¿Sabe qué, querido lector?  Hoy salí más contento de la plaza que después de ver a las figuras inventarse triunfos de mentirillijas frente a la tonta del bote. Y que me perdone el maestro Morante.