30. janv., 2017

Décimo segunda corrida de la temporada de la Plaza de toros México Par Gaston Ramirez Cuevas

Domingo 29 de enero del 2017

 

Décimo segunda corrida de la temporada de la Plaza de toros México

 

Castella corta dos orejas de plaza de trancas y sale a hombros

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Toros: Uno de El Vergel para rejones, bravo y bueno, pero anovillado. Palmas al toro y silencio para el caballista.

 

Siete de Los Encinos para los de a pie. Roca Rey regaló uno. Los toros estuvieron bien presentados en conjunto. Varios fueron aplaudidos de salida por su lámina. El segundo de la tarde fue ovacionado al llevárselo las mulillas y el quinto mereció el arrastre lento por noble y colaborador.

 

Toreros: Sebastián Castella, a su primero lo mató de estocada caída, trasera y tendida, y un golpe de corta: salió al tercio tras aviso. Al quinto de la tarde le pasaportó de una entera a medio lomo: dos orejas exageradas.

 

Octavio García “El Payo”, al tercero de la tarde le pegó un pinchazo y una media desprendida: silencio. Al sexto le endilgó un pinchazo pitado y la municipal (esa que asoma por el costillar): silencio.

 

Andrés Roca Rey, al primero de su lote le dio un estoconazo de libro, haciendo rodar al de Los Encinos patas arriba: oreja merecidísima que fue protestada por algunos. Al que cerraba –supuestamente- plaza, le asestó una media y tres golpes de verduguillo: silencio. Regaló un octavo de la ganadería titular, al que le despachó de dos pinchazos, una entera desprendida y un descabello certero: silencio tras aviso.

 

Entrada: Casi quince mil paganos. Es decir, un tercio de plaza.

 

Del rejoneador, Jorge Hernández, diremos que estuvo menos peor de lo que temíamos. Así clavó alguna buena banderilla, no expuso de más a sus equinos y no se eternizó a la hora de matar; aunque pegó un bonito julipié desde su pobre montura.

 

En la parte seria del espectáculo, las cosas se le dieron bien a Sebastián Castella en su segundo. Ahí encandiló a los badulaques con pases de muleta más corrientes que las galletas de animalitos. Quizá le pegó al nobilísimo toro dos derechazos encomiables, pero lo demás fue un compendio de toreo por las nalgas y trapazos efectistas. Los francófilos capitalinos, que son legión, se desmelenaron con alegría y pese a lo mal que mató Sebastián le dieron dos orejas de esas que valen menos que una salida al tercio de verdad.

 

Anotaremos que en el primero de la lidia a pie, la figura de Béziers estuvo perdido con un toro noble y colaborador, como se les dice ahora a los bovinos sin bravura y ganas de quedar bien. Pescarse de las costillas, perder pasos, y ocultar la muleta para no ligar, no son elementos del bien torear.

 

El Payo anduvo solvente y elegante en su primero, un bicho más débil que el movimiento independentista de san Pantaleón de las Tuzas. Mas hace falta mucho más para emocionar al cotarro.

 

En su segundo, el diestro queretano no le pudo encontrar la cuadratura al círculo. El de Los Encinos iba y venía en la distancia corta y en la otra, pero Octavio se vio siempre fuera de cacho. Otra vez será.

 

¿Qué puedo decirle de Andrés Roca Rey, el Gallo Camarón del Perú? Mucho, pues fue quien más torero estuvo durante toda la tarde, pero no le ayudaron los toros. Sin embargo, ahí quedan sus lances y sus pases de verdad, cogiendo los avíos como la gente grande, exponiendo y transmitiendo al tendido.

 

La oreja que le cortó a su primero fue por la portentosa estocada que le atizó al morito. Da gusto ver a un toro rodar con el estoque en las péndolas. En mis tiempos eso era realmente meritorio. Hoy día algunos papanatas le pitaron al limeño colosal cuando recibió la oreja.

 

Por no dejarse ganar la pelea y en desagravio de su antepenúltima comparecencia en La México, cuando el funesto ex-empresario Herrerías le negó su derecho al obsequio, Roca Rey se puso guapo con la gente y regaló un octavo toro. Ese animal de Los Encinos fue complicado y buscaba, pero Andrés se fajó con él y le sacó lo poco que tenía, echando la pata buena adelante y aguantando. La gente no agradeció nada y se fue pensando en tardes mejores y toros feroces para que la más firme promesa del toreo actual pueda lucir como Dios manda.

 

Como diría el presidente Trump, esta tarde fue de triunfos “alternativos”, de esos que nadie recordará más de un día.

Foto El Mundo