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6. févr., 2018

Lunes 5 de febrero del 2018

 

Décimo cuarta corrida de la temporadade la Plaza de toros México

Septuagésimo segundo aniversario de la inauguración del coso

 

En kilométrico festejo Castella corta la única oreja

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto : Plaza Mexico

 

Toros: Nueve de Jaral de Peñas (hubo un sexto bis al despitorrarse el titular en el caballo). El encierro fue desigual en presencia y juego. Sólo el séptimo tuvo algo de bravura. El primero y el sexto bis fueron fuertemente pitados y el quinto fue abroncado en el arrastre. Tanto el segundo como el séptimo fueron aplaudidos al llevárselos las mulillas.

 

Toreros: Jerónimo, al que abrió plaza lo mató de gran estocada: al tercio.Al quinto lo despachó de un pinchazo en lo alto y otra excelente estocada: silencio.

 

Sebastián Castella, a su primero le asestó una entera caída y a medio lomo: oreja.Al sexto bis le pinchó dos veces y luego acertó con un julipié discreto: silencio.

 

Joselito Adame, al tercero lo pasaportó de un bajonazo: pitos.Al séptimo le propinó una entera defectuosa aguantando y un muy buen golpe de corta: al tercio con división.

 

Andrés Roca Rey, al cuarto lo mató de estocada entera: palmas.Al que cerró plaza lo pasaportó de dos pinchazos y casi entera caída y trasera: silencio.

 

Entrada: aproximadamente 22,000 personas.

 

Cuando salió el primero de Jaral de Peñas, la gente se sintió aliviada, pues el rumiante parecía toro, y comparado con los del festejo de ayer era un monstruo. Pero poco le duraría el gusto a los sufridos aficionados, pues el burel resultóser un manso con mucho peligro.

 

Jerónimo lo recibió de capa con mandiles y revolera, intentando fijar a un toro que escapaba como un conejo hacia toriles.En el último tercio, a base de valor seco y oficio, Jerónimo interpretó los pasajes más emocionantes de la larguísima función. El sobrino del Ranchero Aguilar le plantó cara al toro en tablas, rumbo a chiqueros, y aguantó todos los derrotes, tornillazos y gañafones del de Jaral sin inmutarse. Hubo trincheras, forzados de pecho,vitolinas, molinetes y pases de todas marcas en un palmo, con Jerónimo resolviendo valientemente el crucigrama y regalándonos fabulosas estampas de toreo antiguo y mandón. Mató a ley y después de una faena así, en otros tiempos, la oreja hubiera sido no sólo indiscutible sino necesaria. Pero  ya se sabe que los festejos de aniversario congregan a mucho villamelón en el embudo de Insurgentes.

 

El segundo de la tarde fue un castaño chorreado en verdugo muy pobre de cabeza.Castella le hizo un quite con el capote ala espalda pasándose al toro muy cerca. Como el toro fue noble y repetidor, el francés inició su faena de muleta con dosantinas y trincherazos de muy buen gusto.

 

A continuación vino un larguísimo pase natural lleno de temple y elegancia. Parecía que estábamos viendo al Castella de hace ocho años. Pero cuando sobrevinieron los pases de tiovivo, más dosantinas y las manoletinas finales, supimos que todo había sido un espejismo. Sebastián mató con alevosía, saliéndose feamente de la suerte, pero eso no impidió que la gente pidiera la oreja, misma que fue concedida segundos después de que apuntillaran al toro.

 

Joselito se enfrentó primero a un toro sin clase alguna, que según esto frisaba los seis años. El mayor de los Adame quitó por buenas chiculelinas e inició el trasteo muleteril con estatuarios y de pecho. Pero luego, al intentar bajarle la mano, el bicho se caía. José porfió con la gente en contra, y después de un bajonazo le pitaron con gusto. La afición de esta plaza es casi siempre malinchista y algunas veces rencorosa.

 

Roca Rey anduvo muy solvente con el cuarto, demostrando que tiene un sitio envidiable. Primero pegó una media larga cambiada de rodillas en tablas, y luego veroniqueó con elegancia. En los primeros compases de la faena parecía que el toro iba a durar. Andrés se lo cambió por la espalda y cargó la suerte en suaves derechazos ligados, comenzando a convencer al cónclave. Sin embargo al toro le dio por protestar y rebrincar. También se soltó el aire y ahí no pasó nada más.

 

El segundo del lote de Jerónimo fue un asco por débil y manso.Jerónimo se entregó, y con la muleta se pasó al toro en la faja. Mas el de jaral de Peñas no quería saber nada del asunto y después del segundo muletazo se rajaba vergonzosamente.La voluntad de agradar de un torero que siempre ha gozado del afecto del público capitalino fue encomiable, pero a Jerónimo no le convienen los remedos de toro bravo.

 

El segundo de Castella se partió el pitón izquierdo desde la cepa cuando acudió al caballo.  El sexto bis fue un toro morfológicamente muy extraño, pues tenía los pitones casi más grandes que el resto de su anatomía. La faena fue un compendio de absurda parsimonia y lejanías. El coleta galo aburrió hasta a las ovejas pegando trapazos a un rumiante soso y bobo.

 

Joselito salió a darlo todo en el séptimo. Ese toro tumbó espectacularmente al picador y tuvo poder y bravura. En el quite por gaoneras, Adame se pasó al oro por la barriga y luego, con el trapo rojo, dio una cátedra de poder y decisión, atornillando las zapatillas y sentándose en los riñones mientras toreaba por ambos perfiles.

 

Cargando el peso en la pierna que torea, Joselito pegó naturales grandes, sin dudar ni un instante, pese a que le toro se cernía por ese pitón. Los derechazos y desdenes fueron aun mejores.

 

Las luquecinas finales en tablas arrancaron la ovación. Mató aguantandopero la espada cayó muy baja y trasera y luego acertó con un gran descabello, sin embargo, hay un sector del público que no le agradece nada. Todo quedó en una salida al terciocon división, aunque la faena había sido de, por lo menos, vuelta al ruedo.

 

En el que cerró plaza, Andrés Roca Rey lució con el capotillo toreando muy bien a la verónica y quitando por gaoneras. Luego el toro se apagó y jamás embistió completo. Los villamelones comenzaron a arrojar cojines al ruedo cuando el peruano se preparaba para entrar a matar. Ahí Andrés se desesperó con justa razón y procedió a insultar de gesto y palabra a los trogloditas. Total, que la plaza mas grande del mundo sigue sin ver al Roca Rey que tanto ha triunfado en todos los demás cosos de este país y del resto del mundo taurino.

 

No dejaremos de señalar que hubo grandes pares de banderillas. Rafael Viotti se desmonteró en el segundo, Gustavo Campos salió al tercio en el sexto bis, y Ángel González (quien tiene nombre de poeta) fue ovacionado con fuerza y sacado al tercio en el séptimo.

 

El balance de las dos corridas de aniversario fue bastante pobre: vimos dieciocho toros y sólo dos valieron la pena, el que regaló Sergio Flores y el segundo de Joselito Adame. Después de aguantar casi ocho horas de toros (¿?) San Aficionado Mártir merece una medalla al mérito y otra al valor. 

5. févr., 2018

Domingo 4 de febrero del 2018

 

Décima tercera corrida de la temporada de la Plaza de Toros México

 

Justicia poética: gran triunfo de Sergio Flores

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto : Miguel Nolasco Sanchez

 

Toros: Seis de Teófilo Gómez, anovillados, feos, mansos y débiles. Algunos fueron pitados de salida y abroncados en el arrastre, otros fueron abucheados en el arrastre y protestados de salida, y el sexto fue devuelto por impresentable.

 

Un sexto bis de Bernaldo de Quirós, igual de mal presentado que los teofilitos, pero aun más disminuido. Bronca mientras se lo llevaban las mulillas. Un séptimo de Bernaldo de Quirós regalado por El Juli, carente de trapío pero noble y colaborador. Fue aplaudido en el arrastre.

 

Un octavo de Santa María de Xalpa regalado por Sergio Flores. Ese animal estaba bien armado y demostró algo de raza y fuerza. La gente le ovacionó en el arrastre.

 

Toreros: Julián López “El Juli”, a su primero le asestó un julipié vergonzoso y un golpe de corta: silencio. Al tercero le mató de tres pinchazos arteros y dos descabellos: pitos. Al quinto le despachó de un julipié lamentable: silencio. Regaló un séptimo al que pasaportó de un bajonazo a medio lomo: dos orejas de pueblo chico.

 

Sergio Flores: al segundo se lo quitó de enfrente mediante un pinchazo hondo y cuatro golpes de verduguillo: silencio. Al cuarto lo liquidó de pinchazo trasero y un descabello: silencio. Al sexto bis le pegó una estocada trasera y perpendicular y un descabello: silencio. Regaló un octavo al que le propinó un estoconazo: dos orejas.

 

Entrada: uns 18 mil personas.

 

De los siete primeros rumiantes (los seis reseñados y un sexto bis) poco hay que anotar. Ahí estuvieron El Juli y Sergio Flores empeñados en torear a unos pupilos de Teófilo Gómez que en la pizarra pesaban más de media tonelada y algunos rebasaban con creces los cinco años de edad, pero que en realidad daban la impresión de haberse separado de su madre poco antes de salir al ruedo.

 

Vayamos, como siempre, por partes.

 

El primero del lote del Juli fue débil y soso. Ahí anduvo Julián, lanceando bien y pegando pases. El julipié hizo las delicias de los villamelones aunque no bastó.

 

Sergio Flores naufragó en el segundo, no por culpa de él, sino porque el respetable no paró de pitarle al remedo de toro desde que salió al ruedo  hasta que desapareció por la puerta de arrastre. El tan esperado mano a mano se iba al garete sin remedio.

El segundo de Julián fueun bicho anovillado a la que el coleta madrileño intentó hacerle fiestas mientras su “enemigo” rodaba por la arena. En la parte seria de la lidia hubo un quite variopinto y dos cambiados por la espalda, lo demás fue un compendio de destoreo a prudentísima distancia. Como el julipié no funcionó, el cónclave le pitó con desgana al otrora niño prodigio.

 

El cuarto de la tarde fue una lagartija sin trapío alguno. ¿Qué hizo Sergio? Pues lo que pudo, pero al bajarle la mano el toro se caía que era un contento.  La gente se vio en un aprieto, pues a esas alturas del festejo no sabía si dormirse o pedir más bebidas refrescantes.

 

Vino el quinto, cuyo lámina y comportamiento casi nos hicieron añorar los tiempos del anterior empresario, el inefable Herrerías. Juli abrevió, y como es más astuto que el hambre, regaló un toro al ver que el ganado que había elegido no servía para nada.

 

El sexto de Teófilo fue devuelto en medio de una bronca padre. Salió uno de Bernaldo de Quirós que claudicó desde antes de acudir al caballo. Sergio Flores decidió seguir el ejemplo del Juli, y después de porfiar en vano, regaló un octavo astado.

 

En el primer toro de regalo, un nobilísimo torito de Bernaldo de Quirós, El Juli quitó por aceleradas zapopinas y luego se regodeó pegando derechazos templados y ajustados. Los pases del desdén emocionaron mucho al cotarro. Si hubiera matado a ley se hubiera hecho acreedor a una merecida oreja, pero mató muy mal y le dieron dos trofeos. Se ve que la suerte suprema ya le importa un pito a los seguidores del diestro de Velilla de San Antonio.

 

El octavo fue el único toro digno de ese nombre. Sí, el de Santa María de Xalpa tuvo algo de trapío, dos pitones imponentes y ganas de embestir. A Sergio le cambió el semblante y salió a demostrar porqué es torero. Con el capote instrumentó un precioso quite por chicuelinas y tafalleras templadísimas, pasándose al toro por la faja. 

 

Con la muleta hasta donde le duró el fuelle al toro, el carismático torero tlaxcalteca estuvo cumbre. Hubo pases por la espalda, largos derechazos, naturales ayudados de cartel, colosales pases de pecho y todo lo que usted guste y mande. En las postrimerías de la faena, Sergio sufrió una voltereta espeluznante al intentar un pase de trinchera en terrenos poco recomendables. Sin verse la ropa, Sergio se quedó mas quieto que un poste y logró tremendos derechazos en tablas. Las joselillinas finales fueron para pegarle un susto al miedo. Sergio montó la espada  y se tiró a matar dando el pecho, a toma y daca, cobrando el estoconazo de la tarde. Le fueron concedidas dos orejas de indiscutible peso.

 

En resumen, hubo justicia divina y a pesar de que ambos toreros cortaron un par de orejas cada uno, el toreo verdad corrióa cargo de Sergio Flores. ¿Podemos pedir más? Pues sí, que las figuras de ultramar dejen de escoger esos bichos que sólo están llevando a la Fiesta a la bancarrota moral.

29. janv., 2018

Domingo 28 de enero del 2018

 

Duodécima corrida de la temporada de la Plaza de toros México

 

Un sainete lamentable

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto S. Hidalgo

 

 

 

Toros: Cinco de Fernando de la Mora, primero, segundo, tercero, cuarto y sexto. El sexto era un adefesio y fue devuelto por impresentable. Los otros fueron débiles, anovillados, mansos y muy feos. El respetable pitó a todos en mayor o menor medida, tanto de salida como en el arrastre.

 

Uno de Xajay. Dicho toro apareció en quinto lugar por razones que a nadie le fueron explicadas. El animal tuvo presencia y resultó bravo con enormes complicaciones.

 

Uno de Montecristo, el sexto bis. Ese bicho fue silleto, horroroso de hechuras, reservón y débil. Teóricamente, el toro frisaba los seis años. Teóricamente también, se debió ir vivo a los corrales, pero al sonar el tercer aviso Ginés Marín acertó con el descabello.

 

Toreros: Juan Pablo Sánchez, al primero de la tarde lo mató de tres pinchazos, tres cuartos de estoque y cuatro golpes de corta: leves palmas tras aviso.Al cuarto le recetó tres cuartos de espada muy traseros y dos golpes de verduguillo. El toro acabó echándose sin ayuda. Palmitas tras aviso.

 

Arturo Saldívar, al segundo le pasaportó de un pinchazo y entera baja: palmas.

Al quinto le pegó un estoconazo. Silencio.

 

Ginés Marín, al tercero le atizó una entera en el rincón: salió al tercio.Al que cerró plaza le endilgó dos pinchazos, media estocada e infinidad de golpes de descabello: oyó los tres avisos.

 

Entrada: dos mil personas.

 

La tarde más fría de la temporada fue un compendio de despropósitos mayúsculos.Para empezar, los cuadrúpedos de Fernando de la Mora no tuvieron ni presencia, ni casta ni nada. Por el contrario, fueron una patética colección de remedos de toro bravo.

 

El primero, pese a sus teóricos 540 kilogramos, parecía un becerrote. Dicho cornúpeta embistió con enorme bobaliconería a la muleta de Juan Pablo Sánchez. En un trasteo sin emoción ni peligro, el coleta hidrocálido toreó de salón ayudando con mucho temple a que el toro no rodara por la arena. Como mató muy mal, la gente se desentendió del asunto con gran rapidez.

 

El segundo, primero del lote de Arturo Saldívar, fue una bolita de escaso tamaño.Como era de esperarse, el toro no negó la cruz de su parroquia y fue débil física y mentalmente. Tal y comohabía ocurrido en el que abrió plaza, esta burra con cuernos también fue toreada de salón por Saldívar en una faena que no tuvo el menor interés.

 

El tercero fue continuamente pitado durante el primer tercio debido a su falta de trapío. Luego, Marín estuvo en todo momento muy por encima del animalito. La faena de muleta tuvo momentos de temple y exposición, y fue rematada con unas joselillinas muy ceñidas. Ginés mató aceptablemente y logró la única salida al tercio de la aciaga función.

 

El prometedor y enjundioso torero jerezano debe haberse preguntado durante toda la tarde que diablos hacía ahí, vestido de luces en una plaza desierta, muriéndose de frío y enfrentándose a una mansada irredenta.

 

El segundo del lote de Juan Pablo Sánchez fue pitado de salida por anovillado y feo. La cara de vaca del cornúpeta era un poema. Juan Pablo volvió a exhibir su tan cacareado temple, pero se enfrentó a un problema insoluble. ¿Cuál? ¡Que no había toro! Durante el último tercio los aficionados bostezaban y los villamelones aplaudían con cierto entusiasmo. El torero de Aguascalientes volvió a estar fatal con los aceros y ni al tercio lo sacaron.

 

En quinto lugar, vaya usted a saber por qué, salió un toro de Xajay. Ese fue el único toro bravo de la función. Tan es así que puso en un predicamento a Saldívar desde que le instrumentó una media larga de rodillas pegado a tablas. Arturo podía haberle echado poder y oficio al asunto, pero o no quiso o no pudo. De ese modo, el toro se adueñó del escenario y le ganó la partida a Saldívar. El de Xajay tenía peligro, fuerza y una bravura seca. Nunca sabremos qué hubiera pasado si Arturo se hubiera decidido a  pegarle unos buenos doblones y a aguantar el segundo muletazo, el que realmente cuenta y somete.La estocada fue de libro, pero sólo tres o cuatro personas sacaron el pañuelo.

 

Salió el sexto, otra raspa de De la Mora que no hubieran aprobado ni para una pachanga en Calkiní, Campeche, y ahí el conclave armó tremenda bronca. El juez Braun, cambió raudo y veloz al engendro y en su lugar salió uno de Montecristo.

 

El toro resultó reservón y débil, pero Ginés Marín no quería defraudar a las dosmil gentes que lo habían ido a ver y salió a arrimarse y darlo todo. Durante la faena de muleta comenzó a caer un chaparrón y eso provocó que, en las postrimerías del trasteo,  Ginés resbalara en la cara del toro. Las volteretas fueron espantosas, pero Ginés salió milagrosamente ileso. La cornada se la llevó uno de los asistentes del torero español, quien vestido de paisano quiso auxiliar a su torero.

 

Después del drama y a la hora de matar, Ginés perdió los papeles de lo lindo. En el momento en que acertaba -¡por fin!- con la espada de cruceta, el biombo le mandaba el tercer recado. Fue un final de festejo bastante ignominioso. Creo que el triunfador de la feria de San Isidro del año pasado se lo pensará bastante antes de volver a la plaza más grande del mundo. ¡Lástima!

 

San Aficionado Mártir salió de la plaza empapado pero contento, pues le queda una semana completa para reponerse de la decepción e ir juntando fuerzas para presenciar la siguiente bueyada, la de los teofilitos que se lidiarán en el mano a mano del domingo cuatro de febrero.

22. janv., 2018

Domingo 21 de enero del 2018

 

Undécima corrida de la temporada de la Plaza de toros México

 

Sustos, regalos y torería

 

Gastón Ramírez Cuevas

 

Toros: Siete de La Joya, los seis primeros y uno de regalo que hizo octavo. Bien presentados, nobles en conjunto y faltos de fuerza. El quinto tuvo mucho peligro.

Uno de Xajay, el primer regalo, séptimo de la tarde. De aceptable trapío y dejándose mucho.

 

Toreros: Diego Silveti, al que abrió plaza le mató de entera baja: leves palmas. Al cuarto le metió una entera tendida: silencio. Regaló un séptimo al que despachó de estocada entera baja: silencio.

 

Andrés Roca Rey, al segundo le liquidó de media a toro parado y seis golpes de verduguillo: ovación tras aviso. Al quinto le recetó medio espadazo bajo y otra media desprendida y tendida: pitos. Regaló un octavo toro al que pasaportó de dos pinchazos y una entera: silencio.

 

Luis David Adame, al tercero se lo quitó de enfrente mediante tres pinchazos: pitos.  

Al sexto le mató de entera en buen sitio que no bastó y un certero golpe de corta: oreja.

 

Entrada: Unas doce mil personas.

 

 

Sabíamos que el encierro del señor González Esnaurrízar venía muy bien presentado, con kilos, edad y leña. Lo sabíamos por las fotos que aparecieron en todos los medios taurinos, señal de que el ganadero estaba orgulloso de sus toros. Lo que no se sabía es si los cornúpetas iban a embestir. Y sí, todos embistieron, aunque sin grandes dosis ni de bravura ni de fuelle.Vamos, como es de rigor, por partes.

 

El primero de Diego Silveti tenía una lámina impecable. En el primer tercio Diego no paró los pies a la verónica, pasó al toro con una inyección, y quitó por ajustadas gaoneras. El toro llegó a la muleta derrochando nobleza y sin gas. Silveti lució en uno de la firma, varios derechazosy los pases de pecho. Al final pegó sensacionales joselillinas (pase que los cursis hispanófilos llaman bernadinas), tragando una barbaridad. Pero, como es costumbre en el nieto del Tigrillo, no mató contundentemente. 

 

El segundo correspondió a Roca Rey, uno de los toreros más interesantes del momento. Con el capotillo pegó una media de cartel y quitó por muy buenas saltilleras. Este burel tampoco fue picado realmente y ni así pudo llegar con fuerza al último tercio. Andrés comenzó el trasteo con tres pases por la espalda. El primero fue inverosímil por el tremendo ajuste. La nobleza del toro permitió que el peruano le pegara dos enormes naturales y buenas tandas cargando la suerte por ambos pitones. Toda la faena fue un portento de sitio, quietud y elegancia.A la hora de oficiar con los aceros, Roca Rey pasó las de Caín, enojoso asunto que le perseguiría toda la tarde. No obstante, cosechó una fuerte ovación.

 

El primero del lote de Luis David Adame fue un toro muy bonito pero soso a más no poder. Luis David se solidarizó con el cuadrúpedo y su labor no supo a nada. Pinchó con entusiasmo y la gente le pitó con desgana.

 

El segundo de Diego fue un precioso chorreado en verdugo que tuvo muy mal estilo, pues rebrincaba a su antojo.Hubo otro quite por saltilleras y después ni el toro ni el torero nos dijeron nada importante.

 

El quinto tenía una percha para asustar al más pintado. Roca Rey se dio cuenta de que el bicho era más listo que el hambre y jamás le aguantó el segundo muletazo. Siempre nos preguntaremos por qué Andresito no se dobló con ese toro, por qué no le pegó unos buenos muletazos de castigo por bajo. Roca Rey mató fatal y fue pitado.Lo más relevante de este episodio fue el enorme puyazo de David Vázquez.

 

El que cerró plaza fue un enorme toro brocho que se dejó hacer fiestas.Luis David estuvo cumbre por una razón muy extraña. Al iniciar la faena de muleta con un cambiado por la espalda, el toro le propinó una maroma de órdago, y eso asentó al torero hidrocálido de manera asombrosa.

 

El segundo de los hermanos Adame toreó con un valor y un temple envidiables. Los derechazos en un palmo tuvieron sabor y dimensión. Hubo dosantinas, naturales, pases viendo al tendido y temerarias joselillinas cambiadas. Es imposible arrimarse más y conservar la elegancia. Luego vino la única estocada decente de la función, seguida por un gran descabello, y Luis David cortó una merecida oreja que ya le debía a la afición capitalina.

 

A continuación vinieron dos toros de regalo.El séptimo fue de Xajay. Cosa rara, el toro estaba bien presentado y embistió con alegría. Desgraciadamente, Diego no aprovechó las largas embestidas de un burel que humillaba y quería que le ligaran los muletazos. Silveti se embarulló, perdiendo el paso a la menor provocación. Eso ocasionó que el toro le ganara la partida. Ni modo, otra vez será.

 

El octavo, otro guapo toro de La Joya, le permitió a Roca Rey lucir de verdad. El quite por gaoneras, chicuelinas y revolera fue fantástico, con Andrés pasándose al toro en la mera faja. Al iniciar la faena de muleta, el toro se lo llevó feamente en un cambiado por la espalda, y al igual que le había ocurrido a Luis David, eso pareció convenirle al aguerrido diestro del Perú.

 

Lo memorable fueron las tandas de derechazos de mano muy baja, pues tuvieron clase, sello y mucho poder. También hubo naturales de gran trazo, cargando la suerte con la pata buena bien adelante. No faltaron las trincheras y los desdenes, mismos que arrancaron del respetable el grito consagratorio de ¡Torero, torero!

 

Para salir a hombros todo dependía de matar con verdad y eficacia, pero el toro se le hizo de hueso al coleta limeño. La decepción fue mayúscula, y después de tantas horas de festejo, la gente ni siquiera sacó a Roca Rey al tercio.

 

Total, vimos una corrida por demás interesante, con toros dignos y un triunfo que no pudo multiplicarse debido a lo mal que mataron los alternantes de Luis David Adame.

21. janv., 2018