13. déc., 2016

Novena corrida de la temporada grande de la Plaza de toros México par G. Ramirez Cuevas

Lunes 12 de diciembre del 2016

 

Novena corrida de la temporada grande de la Plaza de toros México

 

Joselito Adame corta tres orejas en su encerrona y sale a hombros

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto: Sylvette Charroin

 

 

Toros: Esto fue un baile de corrales. El primero fue de San Isidro y se dejó. El segundo fue de Teófilo Gómez y fue muy regular pero le dieron arrastre lento. El tercero procedía de Cieneguilla y fue devuelto por inválido. El tercero bis traía el hierro de Montecristo y fue pitado en el arrastre. El cuarto era de la dehesa de Villa Carmela y fue abroncado cuando se lo llevaban las mulillas. El quinto, de Montecristo, se dejó buscar las cosquillas: palmas al morito. El que cerró plaza, de Barralva, tuvo presencia y trapío, pero poca casta.

 

Único espada: Joselito Adame. Al primero le asestó un metisaca, un pinchazo, una media trasera y una bajonazo: silencio tras aviso.

Al segundo le mató de buena entera: dos orejas.

Al tercero le despachó de entera defectuosa: silencio.

Al cuarto se lo quitó de enfrente con una entera trasera y desprendida: silencio.

Al quinto le cortó una oreja después de una entera en lo alto en la suerte de recibir: oreja.

En el que cerró plaza estuvo fatal con los aceros: Un pinchazo, media tendida y media decena de descabellos: leves pitos tras aviso.

 

Entrada: Unos 18 mil paganos.

 

 

Es complicado hacerle segunda al triunfo dominical de una leyenda como Morante. Si además, los execrables veedores de una figura van paseando la gorra por esos pueblos de Dios, el resultado tiende a ser negativo. Joselito, el espada más famoso de México, hizo mucho pero todos esperábamos cosas indescriptibles.

 

Vamos, como siempre, por partes. En el primero, el diestro hidrocálido quitó por excelentes tafalleras y pegó muy buenos naturales, pero el toro siempre llevó la cabeza alta y no transmitía un ápice.

 

Lo mejor de la tarde vino en el segundo. Allí el consentido de los aficionados que se dieron cita en la plaza más grande del mundo, estuvo totalmente a la altura del noble bicho de Teófilo. Quitó por ajustadas chicuelinas modernas y con la sarga llegó a pegar seis naturales inmensos sin enmendar. Las joselillinas tuvieron temple y tremendo aguante, sobresaliendo una cambiada que puso a la gente de pie. José Guadalupe Adame Montoya mató a ley y cortó dos orejas un poco exageradas.

Luego la tarde perdió color. El tercero –muy mal presentado- saltó al callejón con una mansedumbre envidiable y se lastimó. Lo cambiaron y el tercero bis fue un manso de libro. El quite de oro evidenció la valía de Joselito, pero ya después no hubo nada qué hacer.

 

El cuarto fue un animalito chico y sin cara que se dejó pegar un quite por chicuelinas antiguas y pare usted de contar. Adame se esforzó, pero nadie le agradeció nada.

 

El quinto fue interesante. El quite por zapopinas tuvo gusto, valentía y temple. Luego el muchacho aguascalentense tomó los palos y dejó un segundo par asomándose al balcón como los grandes. Vendrían grandes naturales y más joselillinas de torero macho en tablas. La estocada recibiendo cayó en lo alto y así cayó también la tercera oreja.

 

El sexto, el de más trapío, fue un rumiante soso, bobo y anodino. Joselito no dejó de porfiar pero ya el respetable se quería ir a casa. Los yerros con el acero deslucieron mucho la salida a hombros.

 

Esta no fue una corrida mala, para nada, pero tampoco fue un festejo para el recuerdo. Si José Adame ya manda en la Fiesta mexicana, tiene que cuidar mucho más el tipo de toros a los que se enfrenta. Nadie pone en duda su sitio y su torería, ni el Fuentes, pero más le vale buscarse representantes listos y con afición.