28. nov., 2016

Tercera corrida de la temporada grande de la Plaza de toros México par G. Ramirez Cuevas

Sábado 26 de noviembre del 2016

 

Tercera corrida de la temporada grande de la Plaza de toros México

 

El juez le robó una oreja a un gran Ginés Marín

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto :  Genaro Berumen

 

Toros: Seis de José Julián Llaguno, todos tenían edad y trapío para dar y prestar, pero carecieron de casta y fuerza. Salvo el quinto, que curiosamente fue el más enrazado del encierro, a todos les aplaudieron de salida, y el segundo de la tarde fue fuertemente ovacionado en el arrastre.

 

Toreros: Arturo Saldívar, al primero de su lote lo despachó de pinchazo en lo alto y gran entera: al tercio. Al cuarto lo mató con muchas fatigas y varios golpes de corta: silencio.

 

Juan Pablo Llaguno: al tercero lo liquidó de cinco o seis pinchazo y un ramillete de descabellos: Silencio tras dos avisos. Al quinto lo pinchó un par de veces y le atizó dos golpes de corta: pitos.

 

Ginés Marín confirmó su alternativa. Al que abrió plaza le propinó una excelente estocada a toro parado: fuerte petición de oreja y vuelta. Al último del festejo le pinchó dos veces y lo descabelló con gran acierto al primer golpe: palmas.

 

Entrada: unos de tres mil aficionados.

 

 

La nueva empresa, en un encomiable afán de salvar los muebles, ofreció gratis las entradas del domingo a todo aquel que se retratara en taquilla para adquirir boletos para este sábado, y el resultado no pudo ser más patético: vimos más gente en los tendidos en algunas de las novilladas con caballos. El público es muy bueno pero no tan tonto, y su rencor casi siempre se manifiesta como apatía. Apenas unos tres mil parroquianos son un espectáculo desolador en la plaza más grande del mundo. Lástima, porque los herederos del legendario don José Julián Llaguno mandaron un encierro que le daría envidia a muchos ganaderos por el trapío, la edad y la seriedad. Desgraciadamente, no todo lo que relumbra es oro, y de los seis cornúpetas no salió uno solo que no se desinflara o presentara complicaciones relativas a la falta de fuelle.

 

La mejor noticia en mucho tiempo fue la confirmación de alternativa de Ginés Marín. El muchacho de Jerez de la Frontera estuvo enorme en su primero. Memorables fueron la verónicas sin enmendar y la serpentina. Luego, con la muleta, Ginés demostró un sitio, un aguante y una clase que convencieron a todo el cónclave. El toro era tardo y se agarró al piso, pero cuando hay voluntad y sitio eso es lo de menos. Si el imponente morlaco tenía veinte pases, esos fueron exactamente los que le pegó Marín, reposado, ganándole siempre el paso al astado y luciendo como si llevara diez años de alternativa y no sólo seis meses. El valor seco y el temple estuvieron presentes en grandes naturales y hasta en las joselillinas. La estocada de por sí valía la oreja, pero el cretino del biombo no cedió ante la mayoritaria petición. Aquí no se premia a los que lo merecen ¡faltaba más! Estamos esperando a los embusteros de siempre para regalarles orejas por bailar un minué con sus escogidas musarañas.

 

Vino el segundo turno de Gines Marín y a pesar del frío polar y la ventisca, nadie se había movido de su localidad. Hubo ahí tres verónicas de recibo que hubieran sido coreadas por el mismísimo don Luis Castro “El Soldado”. El quite por saltilleras le puso los pelos de punta a más de uno. Tristemente el toro no llegó con entusiasmo a la muleta, y pese a la porfía del andaluz todo quedó en la esperanza de volverle a ver pronto.

 

Saldívar se justificó con creces ante su primero. El de José Julián fue bravo y noble, pero blandeó mucho de las manitas. Hubo muy buenos derechazos sueltos, pero lo mejor vino a la hora de las dosantinas. Ahí vimos cómo el diestro avecindado en Aguascalientes desengañaba al toro con un valor descomunal y un desparpajo increíble. El pinchazo evitó que el chufla del biombo le negara la oreja.

 

El cuarto de la tarde no se dejó pegar un pase en forma y aunque Arturo le buscó las cosquillas, el toro no se dejó hacer fiestas.

 

Mal le fue a Juan Pablo Llaguno, a quien su lote le puso de cabeza. La gente le toleró en el tercero, un castaño de casi 600 kilos que se comportó como un buey de carreta. Pero cuando el quinto dio muestras de tener raza y codicia, el respetable se desesperó después del segundo desarme. Juan Pablo no pudo someter al toro y perdió los papeles con alegría, ganándose con creces los pitos y el abucheo. No todos los coletas están capacitados para poderle al toro hecho y derecho.

 

Los cabales salieron del coso máximo contentos por haber visto una señora corrida de toros y por haberse emocionado con un torero de verdad, Ginés Marín. Y como la esperanza es lo último que muere, todos los entendidos se dieron cita para dentro de veinticuatro horas, dispuestos a ver a Fermín Rivera, a Sergio Flores y a José Garrido en uno de los carteles más atractivos de la temporada. Ojalá el traer -como este fin de semana- toros serios y toreros con hambre fuese el leitmotiv de los nuevos empresarios. Pero no se apure usted, ya la semana que entra volveremos a lo mismo de siempre, con Castella, Fermincito Espinosa, sus secuaces y sus toros débiles.