13. nov., 2016

Primera corrida de la temporada grande de la Monumental plaza de toros México. G. Ramirez Cuevas

Sábado 12 de noviembre del 2016

 

Primera corrida de la temporada grande de la Monumental plaza de toros México

 

Manzanares salva los muebles

 

Gastón Ramírez Cuevas

Foto : Genaro Berumen

 

Toros: Seis de Bernaldo de Quirós, todos salvo el quinto fueron pitados en el arrastre debido a su falta de raza y fuerza.

 

Toreros: Eulalio López “Zotoluco”, a su primero lo pinchó una vez y luego le metió tres cuartos de estoque muy traseros: silencio. Al cuarto le endilgó una entera a medio lomo y luego le descabelló en repetidas ocasiones: aviso y algunos pitos.

 

José Mari Manzanares, al segundo de la tarde le pegó un buen volapié y salió al tercio.

Al quinto le despachó de entera baja: oreja.

 

Alejandro Talavante, al primero de su lote le recetó una entera trasera y caída que bastó: silencio. Al que cerró plaza le mató de entera caída, traserilla, atravesada, etc., y un certero golpe de corta: silencio.

 

Entrada: Quizá unos quince mil espectadores. Es decir, la peor entrada para una inauguración de temporada en las últimas décadas.

 

Los toros dejaron mucho que desear; cosa que no sorprendió a nadie y menos a los espadas que escogieron la ganadería. Bernaldo de Quirós es una garantía de mansedumbre, debilidad y bobaliconería.

 

Desde hoy ha sido evidente que el aumento inmisericorde a los precios por parte de la nueva empresa tendrá repercusiones funestas para toda la temporada. Este cartel era –salvo por los toros- muy llamativo, pero el público no asistió, punto. Fue realmente singular ver a la gente que habitualmente va a Sombra acomodarse en los lugares más baratos, en Sol.

 

No obstante lo anterior, nadie salió descontento pues Manzanares vino a justificarse con creces y pudo lucir enormidades frente al segundo de su lote. Pero vamos por partes…

 

Zotoluco no tuvo muchas opciones con el que abrió plaza. Ese toro fue un gordito que rodaba por la arena a la menor provocación. Eulalio hizo como que se arrimaba y la gente hizo como que le aplaudía, mas la cosa no tuvo ni mérito ni sentido.

 

En el cuarto, el veterano torero de Azcapotzalco pudo haber triunfado, pero las cosas se le complicaron en la segunda parte de la faena de muleta. Eulalio había empezado bien, con dos medias largas de rodillas en tablas y chicuelinas en los medios de mucho aguante. Frente al toro más potable del encierro, El Zotoluco pudo pegar derechazos templados en un palmo antes de perderse en el legendario mar de dudas, después de que el bicho se le puso difícil. La gente no le tuvo paciencia y le pitó.

 

Manzanares porfió mucho en su primero, arrancándole muletazos por ambos pitones con el sello de la casa, es decir, con temple y empaque. Pero el animalito no tenía fuelle, ni clase, ni nada.

 

Afortunadamente el quinto se dejó. Ahí vimos al José Mari que algunos niegan. Le hablo a usted, querido lector, del torero que tiene una categoría sin parigual y que expone en serio. Ante un astado anovilladito, el alicantino puso de pie al respetable con unas tandas de naturales geniales, cargando la suerte y completando todos los muletazos.

 

No faltaron los derechazos majestuosos ni los adornos propios de una figura del toreo. Lástima que a la hora buena se le fue la mano. Ahí quedan los pases con la zocata, largos y espléndidos, mismos que hicieron exclamar a mis vecinos de tendido: ¡Con eso está pagado el boleto! Ojalá este muchacho eligiera mejor a sus enemigos para las campañas americanas.

 

Talavante no tuvo toros a modo, pero tampoco anduvo realmente dispuesto. En su primero hasta podíamos decir que anduvo mandanga, pues el de Bernaldo le regaló quince embestidas buenas que el extremeño no aprovechó, manteniéndose siempre a muy prudente distancia del burel.

 

En el último del festejo, Talavante lució en una tafallera y en algunos muletazos sueltos, pero de buen corte. Ni las florituras de inicio ni el arrimón lograron tapar la nula casta del cornúpeto. Y así, uno de los consentidos de la gran plaza pasó inadvertido por el remozado embudo de Insurgentes.

 

A manera de resumen y a riesgo de parecer un catastrofista irredento, afirmo que si a usted no le dicen que la empresa ya no es la de Herrerías (uno de los peores gerentes taurinos de la historia) hubiera pensado que las cosas seguían por el derrotero de siempre, sólo que con precios mucho más caros que los de cualquier otra plaza del orbe taurino.