12. sept., 2016

Première novillada de la temporada à la Mexico

Domingo 11 de septiembre del 2016

Primera novillada sin picadores de la temporada de la Plaza de toros México

¡Empezamos bien!

Gastón Ramírez Cuevas

 

Novillos: Seis de Los García, bien presentados, con mucho que torearles. El quinto y el sexto fueron aplaudidos en el arrastre.

Novilleros: Juan Pedro García “Calerito”, estocada bajísima: silencio.

Juan Pedro Llaguno, en el segundo de la tarde, entera baja: silencio. Al quinto le mató de dos pinchazos: división tras aviso.

Miguel Aguilar, al tercero le despachó de entera contraria: oreja. Al sexto le atravesó y luego le metió una entera, oyó un aviso y escuchó palmas.

Francisco Ramírez, escuchó dos avisos en el cuarto.

 

Los tres mil quinientos aficionados que se dieron cita en el embudo de Insurgentes salieron del festejo gratamente sorprendidos. Parece que la nueva empresa tiene ganas de hacer las cosas como Dios manda. Es temerario el dar un festejo sin caballos en la plaza más grande del mundo, pero afortunadamente el ganado respondió de manera digna y los espadas pusieron toda la afición posible de su parte.

El sevillano “Calerito” está muy verde, y aunque se esforzó cuanto pudo, el eral de Los García le quedó grande. Claro, por eso es novillero sin caballos.

Juan Pedro Llaguno salió, como dicen los españoles, a por todas. No obstante, ante el segundo de la vacada neoleonesa anduvo errático con el capote y los palos. Luego tuvo buenos momentos con la muleta, aguantando y luciendo de manera intermitente. Quizá lo mejor fue el quite por chicuelinas antiguas de Miguel Aguilar. Con la espada Juan Pedro anda un poco precipitado y perdido.

Por votación del jurado le fue concedida la muerte del quinto novillo de la tarde. Ni tardo ni perezoso Llaguno logró excelentes tandas al natural al principio de la faena pero luego se desdibujó, y tampoco coronó adecuadamente su labor. Ahí quedan la voluntad y esa enorme transmisión del chico queretano.

Miguel Aguilar fue el triunfador indiscutible de esta tan ansiada primera tarde de la surrealista (para México capital) temporada de novilladas sin picadores. El torero hidrocálido se gustó de verdad en su primer enemigo, toreando bajo un chaparrón y dejando constancia de su clase y temple. Mató entregándose y cortó una merecida oreja.

Con justicia le correspondió habérselas con el que cerró plaza, un bicho de muy buena presencia que embistió con enjundia. El quite por chicuelinas modernas fue un portento de quietud y mano baja. A continuación Miguel se puso la muleta en la zocata y arrancó el olé grande toreando largo y templado. Desgraciadamente no anduvo fino con la toledana, pero merece con creces la repetición.

Francisco Ramírez, de Madrid, demostró muy buenas manera y aguantando la pertinaz lluvia le echó valor y elegancia al asunto. Lástima que no sabe matar.

En suma, agradecemos a la nueva administración de la gran plaza que nos haya dado toros y toreros. Podemos pensar que hay voluntad de cambio y afición en los despachos, y que la gente acudirá en mayor número a las siguientes novilladas. En esto es complicado y audaz el cantar victoria, pero aunque salimos de la plaza hechos una sopa, damos por bien empleados los $120 pesos del boleto. Confiemos en que la buena voluntad de Bailleres, Sordo Madaleno y Zulaica no decaiga.